
Construcción de un refugio antiaéreo
En el interior del refugio, la gente se compacta en silencio. Algunos padres abrazan con fuerza a sus hijos, mientras otros lloran o rezan en voz baja. En el exterior, las bombas hace rato que han empezado a caer y las explosiones intermitentes están cada vez más cercanas. El suelo tiembla con cada impacto, y una nube de polvo se despega de las paredes, acentuando la sensación de angustia y de ahogo. Cuando el ruido de los motores finalmente se aleja, la ciudad queda en silencio durante unos momentos, que enseguida se rompe por los gemidos y los gritos de socorro de quienes no han llegado a tiempo a los refugios. Al salir de los escondrijos, el paisaje es devastador: calles llenas de escombros, edificios derrumbados y heridos arrastrando los pies pidiendo ayuda. He aquí la cotidianidad de una ciudad que lleva días sufriendo el horror que viene del cielo.
" Los refugios eran como un vientre protector, pero el miedo se infiltraba hasta el alma;
aprendimos a vivir con el ruido de la destrucción
como banda sonora de nuestra juventud
— Antoni Tàpies

Niños durmiendo en la estación del metro de Provença durante la guerra
Durante la Guerra Civil, Barcelona se convirtió en uno de los principales objetivos de los bombardeos de la aviación italiana y la Legión Cóndor alemana, aliados del bando franquista. La intensidad y frecuencia de los bombardeos llevaron a la urgente necesidad de crear infraestructuras de protección para la población civil. La capacidad defensiva de la ciudad era limitada y las autoridades republicanas no contaban con un sistema de refugios organizado, lo que obligó a los ciudadanos a tomar la iniciativa. Así, surgieron comités vecinales que, junto a técnicos, arquitectos y la ayuda de las brigadas municipales, empezaron a construir refugios en las zonas más expuestas, desde precarias galerías subterráneas, hasta refugios mucho más complejos con múltiples accesos, aseos, instalaciones de agua y ventilación.
“Barcelona disponía de más de 1.400 refugios antiaéreos
que salvaron miles de vidas
— Ayuntamiento de Barcelona
Se estima que se llegaron a construir más de 1.400 refugios antiaéreos repartidos por toda la ciudad. Algunos han sido restaurados y abiertos al público. Entre los más conocidos destacan el Refugio 307, situado en la calle Nou de la Rambla y construido por los propios vecinos del Poble-sec, con más de 200 metros de túneles y capacidad para cientos de personas. En la plaza del Diamant, el refugio 232, a 13 metros de profundidad, ha sido recuperado como parte del patrimonio histórico del barrio de Gràcia.


Víctima de un bombardeo en el Poble-sec el marzo de 1937 | Carlos Pérez de Rozas (AFB)
El refugio 307