
.jpg)

Por otra parte, los GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre), una organización de extrema izquierda fundada poco antes de la muerte de Franco, emergieron como el brazo armado del Partido Comunista de España. Durante la transición democrática, los GRAPO llevaron a cabo diversas acciones violentas, incluyendo secuestros, asesinatos y atentados con bombas, especialmente contra empresarios y figuras políticas, con el objetivo de desestabilizar el sistema democrático emergente, considerándolo contrario a su ideología revolucionaria. También hubo acciones violentas de grupos de extrema derecha afines al antiguo régimen, como la matanza de Atocha de 1977, donde fueron asesinados cinco abogados laboralistas de izquierdas. Toda esta violencia se producía en un contexto de tensiones políticas, creando un clima de miedo, que puso a prueba la fragilidad del proceso de democratización del país.
.jpg)
Los GAL llevaron a cabo al menos 27 asesinatos, pero muchas de las víctimas eran inocentes o carecían de vínculos probados con ETA. El secuestro de Segundo Marey ocurrido en 1983 fue un grave escándalo político. Marey, un ciudadano hispano-francés sin vínculos con ETA, fue secuestrado por un error de identidad: se creía que era un miembro de ETA. Fue retenido durante diez días y liberado en Francia. Estas acciones generaron una crisis política y judicial que culminó con la condena de figuras destacadas del gobierno, como el ministro José Barrionuevo y el secretario de Estado Rafael Vera. El caso de los GAL se convirtió en uno de los escándalos más graves de la democracia española, evidenciando graves abusos de poder y violaciones de los derechos humanos por parte del Estado español.

El terrorismo estuvo presente en nuestra sociedad hasta bien entrado el siglo XXI, pero la presión policial, el rechazo social por el carácter indiscriminado de muchos ataques y la transformación del contexto político llevaron a la disolución progresiva de estos grupos. ETA fue la última organización en desaparecer: se disolvió oficialmente en 2018, después de más de 850 asesinatos.
El fin del terrorismo es uno de los hitos más representativos de la España democrática, un símbolo de la madurez de un Estado que ha logrado consolidar la paz, superando uno de los episodios más oscuros de la transición y de las décadas posteriores. Sin embargo, el dolor ha dejado una impronta profunda en la memoria colectiva, marcando la política, la sociedad y el debate sobre la reconciliación. Hoy, este debate sigue abierto, porque las heridas no se han cerrado del todo.

%20(1).jpg)
